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Domingo Pérez

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Dossier

¿Qué cantas? Autoentrevista

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En Nazaret, Valencia¿Qué cantas?

Canto al futuro.

¿No es mejor cantar al presente?

Paradójicamente, lo que me hace es vivir el presente con más intensidad, sabiendo hacia dónde voy, por qué vivo, por qué me esfuerzo, para qué sigo caminando.

¿A quién cantas?

Supongo que a quien me quiera escuchar, primeramente. Me gustaría que mis canciones formaran parte de la gran banda sonora de las personas que cada día viven, sueñan y luchan detrás de la pancarta de “Otro mundo es posible”.

¿Es que es posible otro mundo?

Por supuesto. Claro que sí. Es posible otro mundo mucho mejor.

¿A eso es a lo que tú llamas “terca esperanza” en muchas de tus canciones?

Sí, creo que sí. Ya sabes que “terca esperanza” es una redundancia poética, porque la esperanza, por definición, es terca, muy terca, pues se apoya en la confianza y no en “las certezas” que cada día nos repiten miles de medios de comunicación perfectamente sintonizados con el sistema.

No están los tiempos para tener mucha confianza en casi nada… a lo mejor por eso tus canciones parecen muy ingenuas.

No parecen, son muy ingenuas. Pero es que la ingenuidad no es negativa, ¡qué va! La ingenuidad tiene por compañeras a la sencillez, a la capacidad de sorprenderse cada día, al perdón, a la generosidad. La ingenuidad se lleva muy bien con la lucha por la liberación de las personas, sobre todo de los más pobres, pero también se lleva maravillosamente con la ternura.

Actualizado ( Martes, 03 de Febrero de 2009 12:59 ) Leer más...
 

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La posibilidad de otro mundo posible, mejor, humano, radicalmente humano donde la felicidad de la persona sea el objetivo y la norma fundamental se cimenta en la esperanza, la terca esperanza de hombres y mujeres que, aún contra toda evidencia, creen que es posible. El imperio (vaya lenguaje más trasnochado pensarán algunos), que no cree en la persona sino en el poder, en el beneficio, en la acumulación desmedida hace una labor inmensa, constante, poderosísima para romper esos “focos malignos” de terca esperanza en cualquier persona. Y ya sabéis cuál es el resultado: una persona sin esperanza es una persona manipulable y manipulada, sumisa al sistema. Por lo tanto, no hay otra labor más importante para mí que trabajar por mantener la terca esperanza viva y fuerte en mí e influir en mi entorno para que esa misma terca esperanza se mantenga y, aún más, crezca.