¿Qué cantas? Canto al futuro.
¿No es mejor cantar al presente?
Paradójicamente, lo que me hace es vivir el presente con más intensidad, sabiendo hacia dónde voy, por qué vivo, por qué me esfuerzo, para qué sigo caminando.
¿A quién cantas?
Supongo que a quien me quiera escuchar, primeramente. Me gustaría que mis canciones formaran parte de la gran banda sonora de las personas que cada día viven, sueñan y luchan detrás de la pancarta de “Otro mundo es posible”.
¿Es que es posible otro mundo?
Por supuesto. Claro que sí. Es posible otro mundo mucho mejor.
¿A eso es a lo que tú llamas “terca esperanza” en muchas de tus canciones?
Sí, creo que sí. Ya sabes que “terca esperanza” es una redundancia poética, porque la esperanza, por definición, es terca, muy terca, pues se apoya en la confianza y no en “las certezas” que cada día nos repiten miles de medios de comunicación perfectamente sintonizados con el sistema.
No están los tiempos para tener mucha confianza en casi nada… a lo mejor por eso tus canciones parecen muy ingenuas.
No parecen, son muy ingenuas. Pero es que la ingenuidad no es negativa, ¡qué va! La ingenuidad tiene por compañeras a la sencillez, a la capacidad de sorprenderse cada día, al perdón, a la generosidad. La ingenuidad se lleva muy bien con la lucha por la liberación de las personas, sobre todo de los más pobres, pero también se lleva maravillosamente con la ternura.
O sea, que eres un cantautor de mierda…
Si, como cantan Aarön Sáez y Antonio Aráez. ¡Menudas piezas! Creo que soy un cantautor de mierda sin remedio. Para mí, parafraseando a Celaya, “la canción es un arma cargada de futuro”.
Y vuelta otra vez al futuro, a la utopía… ¿Por qué compartir la utopía?
Dice nuestro amigo Pedro Casaldáliga (parafraseando también a Celaya) que “la utopía es necesaria como el pan de cada día”. Y no se trata de un sitio imposible, inexistente, sino de de “un sitio otro” diferente, esperado, soñado y posible.
Y para eso hace falta terca esperanza… Ya voy entendiendo.
Mira si el sistema lo tiene claro que sus esfuerzos fundamentales van dirigidos directamente a aniquilar la esperanza en nosotros, porque una persona sin esperanza (y tiene razón) es una persona sumisa, resignada a vivir la vida “que le ha tocado vivir”. El sistema hace que las personas no se sientan dueñas de su propia existencia, más todavía, de que tengan miedo a la libertad.
Claro, todo eso es difícil de plasmar en una canción sin que al final no te digan eso de “cansautor”.
La verdad es que es difícil pero hay cantautores geniales que lo consiguen como, por ejemplo, Víctor Jara que habla de todo ello en su hermosísima “Te recuerdo Amanda”: amor, pasión, tristeza, lucha, esperanza… Supongo que cuando todas estas ideas eres capaz de presentarlas enredadas en el vivir de cada día, de cada pequeña historia, de presentarlas tan cercanas como nuestra cotidiana vida, entonces se hacen interesantes para los demás, porque ya no es elucubración, ni recalentamiento filosófico, sino melodías con historias cercanas, a ritmo de corazón.
Humor y utopía. ¿Por qué utilizas el humor en tus canciones?
Supongo que por haber llegado a la convicción de que es bueno reírse mucho y de que el sentido del humor es una herramienta poderosísima para desarmar la intransigencia.
Y ya van tres discos en cuatro años.
¡Quien iba a pensar que todo esto lo iba a hacer después de los cuarenta! Pero así es y estoy muy contento de poder expresar lo que siento y anhelo a través de la canción. El esfuerzo creativo y cantar muy habitualmente no me hacen olvidar mis cuarenta y muchos, pero me hacen vivir con muchas más ilusión y alegría, con mucha más esperanza.
Me han dicho que has hecho una buena cosecha de margaritas esta primavera.
También es sorprendente, pero sí. He realizado 20 conciertos entre marzo y junio de este año (una minigira. jeje) cantando por bares y asociaciones las canciones de Cosecha de Margaritas. Y ha sido una magnífica experiencia.
Pero, ¿de verdad le interesan a la gente estos temas?
No le interesan a muchos, es verdad, pero sólo el hecho de cantar a la utopía con estas fábulas mientras la gente toma copas es ya todo un logro. En el campo inmenso de nuestra sociedad es una matica, pero ahí está creciendo. Utopía, pacifismo, revolución, protesta, agradecimiento, opción por “los nadies”… ¿A que parece increíble que eso se pueda oír por los bares? Pues se oye y hay quien lo escucha.
¿Qué haces últimamente?
Pues acabo de grabar tres temas de mi próximo disco (que grabaré y editaré el año que viene posiblemente), en el que voy a explorar el camino del pop-rock, “Oración Comprometida” (15 poesías de Pedro Casaldáliga que he musicalizado). Y sigo componiendo (Tierna anatomía, El condón, Rumbita triste, ¿Dónde está tu corazón?, Luna de algodón –nana a un niño nacido en medio de los bombardeos de Líbano-, Un lindo revolcón, Fluyes, No quiero hacer ná, son algunas de las últimas canciones compuestas). Y, por supuesto, sigo cantando “Cosecha de margaritas” acompañado por José Ramón Martínez (Mon) y por Rocío Ramos, “una banda estupendísima”.
Sigue cosechando y compartiendo la utopía…
Así lo haré.
Domingo Pérez Bermejo
27 agosto 2006





